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POR QUÉ EXTRAÑAMOS LA MESA LLENA DE GENTE Y LOS ABRAZOS

27/09/2026 1,029 vistas
POR QUÉ EXTRAÑAMOS LA MESA LLENA DE GENTE Y LOS ABRAZOS

El otro día leí un dato que refleja muy bien la época en la que vivimos: en las principales capitales del mundo, más del 40% de los hogares son unipersonales. Vivimos en la era de los departamentos monoambientes, la comida pedida por una aplicación para uno solo y la libertad absoluta de no tener que rendirle cuentas a nadie. Nos vendieron que la cima del éxito humano era la independencia total, esa autosuficiencia donde no necesitas de nadie para salir adelante.


Sin embargo, basta mirar alrededor para notar una paradoja sutil: nunca fuimos tan libres de organizar nuestra vida a nuestra manera y, al mismo tiempo, nunca nos sentimos tan desprotegidos cuando las cosas se ponen difíciles.


Poco a poco fuimos desmantelando los espacios donde solíamos encontrarnos. Ya casi no hay charlas de vereda con los vecinos, las cenas familiares se volvieron breves o interrumpidas por notificaciones, y las plazas del barrio quedaron vacías. Cambiamos la contención real del hogar, la familia y los amigos por un aislamiento cómodo pero frío. Nos convencimos de que podíamos solos con todo.


 Pero en medio de esa independencia protegida, ¿cuándo fue la última vez que sentiste que pertenecías a algo más grande que tu propia rutina? ¿Por qué nos cuesta tanto pedir ayuda o mostrar nuestra vulnerabilidad frente a otros?


A veces le tenemos miedo a la palabra «ritual» porque nos suena a algo antiguo, rígido o lejano. Pero un ritual no es más que un espacio sagrado de encuentro: esa pausa donde nos miramos a los ojos sin prisa, compartimos el pan, celebramos la vida o lloramos juntos un dolor. Y es que no nacimos para el aislamiento: fuimos diseñados por Dios con la necesidad imperiosa de tener un refugio, un círculo de amor donde no tengamos que llevar puesta la armadura del día a día.


 La fe compartida y la vida en comunidad no son un dogma impuesto ni una estructura para controlar a nadie; son el diseño original de Dios y el antídoto definitivo contra la trampa de la autosuficiencia. Son el recordatorio de que fuimos creados por un Dios que dio la vida por amor para reconciliarnos: primero con Él, y a través de Él, entre nosotros. Hay una gracia profunda que solo se experimenta cuando descubrimos que las cargas pesan la mitad y las alegrías se multiplican al doble cuando se viven en compañía.


 La verdadera trascendencia no se alcanza en la cima de una montaña en soledad, sino en la calidez de una mesa donde siempre hay una silla esperándote.


Hoy te propongo un ejercicio de valentía. Levanta el teléfono, invita un café, abre la puerta de tu casa o acércate a alguien que necesite una palabra de aliento.


¿Estás construyendo un castillo solitario para protegerte, o te estás atreviendo a tejer la red de comunidad que le da verdadero sentido a tu vida? 


PASTOR OSCAR DANIEL CHAMORRO Síguenos: WhatsApp: https://whatsapp.com/channel/0029VaIG4wm6buMFuo0G612w YouTube: https://www.youtube.com/@IglesiadeDiosElEspinilloFormos Facebook: https://www.facebook.com/share/15MSw98Jm4E/

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Escrita por

S

sdelvalle

Periodista

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